martes, 25 de mayo de 2021
en 14:43martes, 31 de enero de 2017
en 7:28
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La Juventud Actual – Sofía |
La Juventud Actual
Poema
Vivir en la ignorancia.
Vivir en la pereza.
Vivir sin un destino.
Vivir como dormido.
Vivir como un idiota
que ignora ser Patriota,
que es sordo ante los viejos
y sin educación.
Vivir como una piedra
al borde del camino.
Vivir siendo un inútil
que come y que dormita.
Vivir como las horas
que arrugan nuestro rostro
y entierran en los ojos
las muertas rebeldías.
Vivir sin esperanza
que espera de los otros
la inercia que les falta
para vivir la Vida.
Gozar estando quietos
rodeado de silencios
y atento a que los llame
alguna voz amiga.
Marcar algún mensaje
pensando que les guste
y consumir la tarde
tal vez sin batería.
Buscar la muchedumbre
del ruido y del canabis
tirando al inodoro
la cándida poesía.
Vivir sin informarse
que el rock es del imperio
y que se apoderaron
de nuestra identidad.
Qué extraño es nuestro idioma
cuando abreviamos todo
y cuando del comercio
su nombre es en inglés.
Vivir desorientado
sin apreciar la rosa
y entrar al cuarto oscuro
votando cualquier cosa.
A.H.SOFIA
30-01-2017
lunes, 26 de diciembre de 2016
en 7:31
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Frío: Esteban Gandulfo |
Frio
Ustedes quieren que yo les hable acerca del frío. Que yo recuerde… la primera vez que sufrí frío, en serio, fue cuando yo tendría unos siete u ocho años de edad. Descontemos ese breve frío en las manos y orejas durante la formación escolar mientras se izaba la bandera, el frío mañanero que ocasionaba los sabañones escolares no cuenta. Aquella vez fue toda una noche de frío. Estábamos en el Yeca.
El Yeca era el nombre de origen misterioso que tenía una casilla en las islas a las que íbamos con mucha frecuencia en el verano. ¿Cómo es que sentía frío en verano? Pues debe haber sido un frío inesperado y desubicado en el calendario, o tal vez fuimos allí durante las vacaciones de invierno. El Yeca era una construcción toda de madera con el techo de chapa.
Se encontraba en el interior de las islas del delta. Uno llegaba en ferrocarril hasta la estación terminal, y de allí había que remar unos cuarenta minutos por uno de los ríos principales, y después internarse en un zanjón hasta el corazón de la isla, donde con toda seguridad los terrenos eran mucho más baratos. En la planta baja no había nada porque se inundaba con frecuencia.
Solamente se erigían los pilares que soportaban la parte superior, que de este modo siempre quedaba protegida del avance de las aguas.
A decir verdad, en la parte inferior había algo, estaba una pequeña cocina, un depósito de leña y un retrete. A la cocina se la utilizaba poco y nada, sólo calentar agua para el mate en el primus, no recuerdo el olor del café por aquellos lugares. El depósito de leña protegía de la lluvia a una buena cantidad de ramas de ciruelos y duraznos producidos durante la poda de los frutales en el invierno.
De cualquier modo, la leña estaba siempre húmeda, cuando se lograba prender fuego siempre se veía que el extremo de las ramas exudaba agua o savia en ebullición. Era un fuego absolutamente inútil.
El retrete era para utilizar cuando las crecientes impedían llegar al baño del fondo, pero no eran tan altas como para que él también quedara sumergido. Realmente no recuerdo cómo dábamos rienda suelta a nuestros desperdicios las veces en que el repunte era bravo, cuando casi llegaba al piso superior.
La escalera que se iniciaba en el suelo limoso rodeado de maleza conducía a una pequeña plataforma, que a su vez conectaba con dos puertas correspondientes a un dormitorio muy pequeño con una cama matrimonial, y a otra estancia mucho más grande, con un enorme ropero y un montón de camas.
Aquella ocasión en que pasé mucho frío estábamos solo los cuatro, mi hermano y yo con nuestros padres. Mis padres dormían en el dormitorio pequeño y mi hermano y yo en la habitación grande.
El dormitorio pequeño era reservado para parejas. Lo ocupaban mis padres o Pascual Pastorino con su novia. Me da la impresión que Pascual Pastorino tenía cierta prioridad, porque en ocasión en que coincidía nuestra estadía con la de él y su novia, ellos tomaban el dormitorio matrimonial y nuestros padres compartían con nosotros y tal vez otros visitantes la gran habitación con camas amontonadas.
Yo no lo entendía en aquel momento, pero resulta obvio que el dormitorio matrimonial quedaba reservado para parejas que debían intercambiar palabras de amor, caricias y humedades. Tal vez no lo quería entender, porque si alguien me hubiera dicho que mis padres tenían actividad sexual allí a pocos metros, me habría parecido por parte de ambos una sucia traición.
El frío, ya lo mencioné, llegó durante la noche. Mi madre nos acostaba y nos daba las buenas noches y una golosina para que nos quedáramos dormidos.
Ella no seguía demasiado en serio las recomendaciones de los dentistas. Normalmente clavábamos el pico muy rápido porque los chicos estábamos extenuados después de recorrer los senderos de la isla explorando como nuestros héroes de los cuentos e historietas.
Los accidentes eran menores. Hundirnos hasta las rodillas en un barrial inesperado, herirnos las piernas con las hojas de paja brava, o caernos desde un ciruelo cuando nos dábamos una panzada de aquellos maravillosos frutos rojo oscuro, que le llamaban corazón de buey. Se ve que mi madre pasaba a verificar si nos habíamos quedado dormidos antes de acostarse ella misma, porque se acercó silenciosamente a nuestro dormitorio, y como no producíamos esa acompasada respiración típica del sueño, me preguntó:
― ¿Qué pasa que no te dormís, no tenés sueño?
―Tengo frío.
Por primera vez en mi vida tenía frío en el lecho, tanto que no me podía dormir a pesar de que estaba rendido. Yo no estaba acostado en una cama, sino en un catre de campaña. En aquél gran dormitorio del Yeca había algunas camas y dos o tres catres de campaña. Los catres de campaña de mediados del siglo veinte no debían diferir mucho de aquellos comienzos del siglo diecinueve, donde acostaban a los soldados heridos en los hospitales del frente durante las guerras napoleónicas.
Se trataba de un artefacto que estando plegado constituía un sólido bloque de hierro, maderas y lona. Para el armado, se iba abriendo y desplegando. Aparecían patas de madera en forma de equis con articulación metálica, Otras sólidas varillas de madera actuaban como separadores, y la lona, por la parte superior constituía el apoyo donde se armaba la cama con almohada, sábanas y frazadas.
Nosotros los chicos podíamos ver cómo los mayores armaban y desarmaban un catre de campaña, pero no podíamos hacerlo por nosotros mismos porque era una operación en la que íbamos a perder algunos dedos.
Mi hermano dormía plácidamente como un oso de Siberia durante el mes de diciembre y yo no podía conciliar el sueño. Los chicos, por lo general no sufren de insomnio, de modo que no tienen desarrollados trucos para caer, como se dice vulgarmente, en los brazos de Morfeo. La sensación de frío había desalojado completamente el sueño de mi mente.
Viéndolo a la distancia, uno piensa en lo terrible que debe ser que un niño no pueda dormir, no solo por frío sino también por hambre. Nosotros no lo podíamos imaginar entonces, como éramos sanos, protegidos y bien alimentados.
Sin embargo, mi madre debía pensar entonces que no me protegía lo suficiente porque yo seguía teniendo frío y ella no podía ir a dormir tranquila.
Mi madre verificaba que la puerta estaba bien cerrada y los protectores de las ventanas estuvieran en su lugar.
Las dos ventanas del dormitorio grande contaban con unas placas de chapa que las aislaban completamente, además de los paños vidriados.
Esas placas debían estar bien cerradas cuando venía de improviso un fuerte ventarrón.
― ¡Cierren bien todas las ventanas que se vuela la casa!
Ese era el grito imperioso cuando venía a dar su golpe el Pampero polvoriento. No me cabía en la cabeza como esa pesada casa podía salir volando, sin embargo los grandes aseguraban que era posible, que ya había ocurrido alguna vez.
Se ve que mi madre pensaría que yo no me dormía porque ella me estaba cargoseando, así que desaparecía por un buen rato. Y yo no me podía dormir por el frío, a pesar de que me habían colmado de frazadas.
Entonces yo estaba acostado en mi catre de campaña cubierto de abrigo, sabiendo que en cualquier momento mi madre se acercaría, como la madre de Proust cuando iba a dar las buenas noches al petit Marcel después de su velada con el señor Swann.
Mi madre se acercaba sigilosamente con la esperanza de que yo me hubiera dormido y no quería despertarme, pero yo no me había dormido a causa del frío que sentía. En una de sus visitas, ya más decidida a cortar por lo sano, me sacó de la cama, me hizo fricciones con alcohol por todo el cuerpo y me vistió con un sweater por encima de la camiseta con que estaba durmiendo.
Tal vez con la idea de incorporar calorías por dentro, me dio otro caramelo y me instó a que cerrara los ojos, pensara en una de las cosas más lindas que se me pudieran ocurrir y que se me iba a ir el frío y quedaría dormido.
Ahora yo no solo sentía frío sino también un poco de culpa por estar dándole tantos trastornos a mi mamá. Con los ojos cerrados traté de imaginarme un momento de calor.
Habíamos salido del Yeca e íbamos caminando por el sendero a lo largo del zanjón de entrada, luego cruzamos el puentecito de madera que atravesaba el zanjón y continuamos por un sendero a la vera del río.
Ahora el sendero iba elevado, por encima de esas defensas o taludes que se construían para proteger a las islas de las inundaciones. Llegamos al muelle de “La Querencia” un recreo al que nosotros no íbamos a pasar el día como lo hacía mucha gente sino a tomar prestado el muelle para descender por la escalera y meternos en el agua del río.
El agua era marrón claro, arrastraba limo de miles de kilómetros al norte, pero no estaba todavía contaminada por industrias o poblaciones. Era agua sucia pero a la vez limpia y refrescaba, ayudaba a sacarse de encima ese denso calor húmedo del verano en las islas.
Cuando pasaban las lanchas de la Interisleña o del Correo Caraguatá, la estela se nos acercaba como una blanda ola y nos elevaba despegando los pies del fondo fangoso del río. No podíamos ir al mar, a los balnearios de temporada, pero nos divertíamos de lo lindo con las olas de las lanchas en aquel río, abajo del muelle de La Querencia.
Me costaba respirar mientras trataba de dormir. Mi madre me había cargado con tantas frazadas, colchas, mantas y cubrecamas que tenía sobre el cuerpo un peso fantástico. Mi diafragmita de ocho años de edad tenía que hacer un esfuerzo considerable para que los pulmones pudieran tomar aire, elevando aunque sea un poco todas esas capas de abrigo.
Siempre que llovió paró, y todo insomnio, que no deja adormecerse a alguien por la razón que fuera, acaba con una persona dormida. A la mañana siguiente, con el desayuno y la actividad propia de los chicos el frío había desaparecido, yo me sentía bien, no estaba enfermo y ese largo ataque de frío seguía siendo una incógnita, pues ningún otro miembro de la familia lo había sentido.
Antes del mediodía llegó mi tío Horacio. Tío muy a la distancia porque era primo lejano de mi mamá.
― ¡Hola! ¿Cómo les va? ¡Pero qué bien! Toda la familia…
Nos habíamos acercado en grupo hasta el muellecito del zanjón porque estando amarrado nuestro bote, había que correrlo y hacer lugar para que Horacio pudiera pegar su borda a la plataforma y descargar sus cosas.
Horacio era uno de los dueños principales del Yeca y siendo comienzo de temporada además de la comida traía varias latas de aceite de linaza con el que se impregnaban los pisos de madera, dejando ese olor tan característico y penetrante durante los días de calor.
― ¡Qué bien que viniste Horacio! Te esperábamos ayer… ― Le saludó mi mamá.
― ¡No!... Si ayer se me hizo tarde, pero hoy me vine tempranito… tan lindo que está el día… y va a hacer calor…
Todos ayudamos a llevar sus cosas a la casilla, y cuando se intercambiaban las preguntas del caso, de cómo están todos, la salud, esas cosas, mi madre le contó:
― Estamos todos muy bien, pero anoche el pequeñito se moría de frío, casi ni pudimos dormir porque él no pegaba los ojos...
― Me parece que ya sé lo que pasó, y me parece que la culpa la tengo yo…
― ¡Pero Horacio! ¿Cómo podés decir eso?
― El chiquitín durmió en el catre… ¿No es verdad?
― Claro, durmió en el catre, si el hermano mayor es mucho más grande, a él le dimos la cama…
― ¿Y no le pusiste ninguna frazada debajo?
― ¿Debajo de qué, en el piso?
― ¡No mujer! Debajo de la sabana de abajo, si no, si no ponés una frazada debajo la lona es helada, te congela el frio que viene de abajo, aunque sea en pleno verano…
Mi mamá se quedó con la boca abierta y se agarraba la cabeza, ¡Cómo no había pensado en eso! Pero Horacio la defendía, entre los dos se disputaban la culpabilidad de mi noche fría.
― La culpa es mía porque dejé todas las otras camas paradas, apoyadas en la pared, es que el domingo le di una mano de linaza al piso y quedaron casi todas las camas paradas, y por eso vos utilizaste el catre…
Esa, que recuerde, fue la primera ocasión en que sufrí frio, y la tenía prácticamente olvidada. Después hubo otras, como aquella en que, también por la noche, me levanté muerto de frío a orinar y el agua del inodoro se había solidificado en un bloque de hielo ¡Dentro de la casa! Pero esas son ya otras historias.
domingo, 18 de diciembre de 2016
en 14:00
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José Alejandro Arce: BIOGRAFIA |
BIOGRAFIA
José Alejandro Arce
nació en Bella Vista, Corrientes, Argentina, el 13 de enero de 1972. Escribe poemas, cuentos y relatos.
Tiene editados seis libros, tres de poemas y tres de cuentos; un poemario inédito artesanal; y ha sido editado en seis antologías, dos internacionales, una nacional y tres provinciales.
Director y editor de la revista literaria digital POETA y lleva adelante la editorial de libros artesanales AZAHAR ediciones.
Organizador de eventos literarios y ferias del libro en su ciudad y en la región.
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NO PODRÁS EVITARLO - Jose Alejandro Arce |
NO PODRÁS EVITARLO
déjame mirarte,
si no me oyes
déjame oírte,
si no m sientes
déjame sentirte,
si no me quieres
déjame quererte,
si no mueres por mi
déjame hacerlo…
será lo único por lo cual
algún día
dejaré este mundo,
pero te advierto…
aún en el más allá,
donde me encuentre
haré todo lo que quiero contigo
me dejes o no.
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PUMA MOLINA |
PUMA MOLINA
Este no lo escribí yo, sino mi alma:”Cholila 10 de octubre de 1951.
-1¡ Querida Consuelo! Diosa morena, protagonista de mis noches de desvelo, cuando mis pensamientos se orientan hacia vos, mi corazón parece estallar de orgullo. Todo lo duro y agrio de mi vida, se derrite en dulce melodía y mi amor tiende sus alas, alegre como un pájaro que va pasando la mar. Ahora estoy en la cabaña que alquilé frente al Lago El Mosquito……… pág. 103
-2 Casamiento del Puma:
Hace un primer brindis y pide la palabra, se produce un silencio absoluto “El triunfo de la justicia con lleva al olvido de los resentimientos o rencores, todo comportamiento sea bueno o malo, no es casual, siempre hay una razón para hacerlo, sepamos perdonar, tampoco olvidemos que primero está la justicia de los hombres y luego la de Dios, Nosotros somos hombres de bien demos el ejemplo. Pág. 247
-C. Escribir una novela no es solo tomar un lápiz, un cuaderno y narrar Es entregarse en cuerpo y alma, compartir tristezas y alegrías de los protagonistas, ser uno más de ellos.
Ha sido para mí, una experiencia única. Me ha permitido entrar en el universo de la lógica, el terrenal, porque se ve, se toca o se escucha Palpar la materia, en su faz física, el que nadie discute. Y el de la fantasía, lo místico, intangible, aquello que nos permite soñar y volar en el espacio infinito al pasado o el futuro, compartir diálogos con seres vivos o abióticos.
Por último tomo las palabras de Cristina Loza “Escribir, corregir, tachar, rehacer y volver a escribir¿ acaso eso no es la vida ?”
Amig@s, les envío estos párrafos y por cuerda aparte el diseño de las tapas del PUMA MOLINA cariños
HUGO
viernes, 1 de agosto de 2014
en 8:25
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Angel Linyera - Ameijeiras |
El Ángel Linyera
Cuento Corto
Enrique Ameijeiras
Dicen en las grandes ciudades, que los duendes no existen. No se si es realmente así, pero lo cierto es que nunca vi uno de ellos, ni siquiera en el botánico. Pero me contaron, y conste que yo no puedo dar fe de la veracidad de esta teoría, que los ángeles llegan a la tierra con un proyecto, quimera o utopía. Si no logran realizarla (cosa que ocurre regularmente), deciden bajar un escalón en su orden de precedencia y se hacen duendes. Si aún así no logran el mínimo de sus objetivos, siguen descendiendo la escala espiritual hasta llegar a ser fantasmas, demonios, luz mala y otro bicharraco espiritual que anda dando vueltas por ahí buscando a quien asustar para vengarse de los fracasos y frustraciones que la raza humana reparte gratuitamente por ahí, en el mundo de los espíritus.
Dicen (y sigo sin dar fe), que una vez uno de los ángeles más hermosos, canoros y cultos, al no poder cumplir con las metas que él mismo se había fijado al descender a la tierra, decidió omitir el paso de hacerse demonio o ánima y, descendiendo aún más de la escala espiritual, se hizo hombre.
Como tal, empezó a querer ganarse la vida con su música, con sus pantomimas payacezcas y los acordes maravillosos que le sacaba a su violín encantado.
En una plaza del centro, vestido de colores copiados al arco iris, las notas se elevaban como una bandada de canarios multicolor.
La gente pasa y, en el mejor de los casos lo ignoran, pero los más murmuran:
“porque no vas a trabajar, payaso”.
El ex–ángel había perdido la capacidad de leer los pensamientos, por eso él seguía y seguía, con su sombrero supinante, cabeceando melodías arrancadas con la rasca del arco de su instrumento.
Reconoció en su flamante ser humano que una sensación desconocida hasta la fecha lo estaba agobiando: El hambre. ¿Qué era ese dolor en el estómago que lo angustiaba?
Sin importarle demasiado, aprovecho esa nueva y gris energía para arrancar otros sonidos a su violín. Los alegres gorjeos se convirtieron en desgarradores y lastimeros chillidos no menos bellos, aunque insoportables para la gente que pasaba a su lado, tapándose los oídos con las manos y el corazón con la realidad.
Lentamente sus brazos cansados fueron chupados por la gravedad, se resistió. Aún no conocía el cansancio, ni la desazón, pero las notas ya no eran certeras y su sonrisa había girado ciento ochenta grados. No solo se oía mal, sino que su aspecto era aterrador.
Nadie acudió en su ayuda cuando cayó sobre la vereda, al costado del sombrero vacío. Solo un linyera que, lejos de ayudarle, le robó el violín y el último atributo angélico que le quedaba: la fe en el ser humano.
Llegó una ambulancia y no se lo llevó porque, hasta tuvo la mala suerte de volver en si y la indolencia paramédica estimó: deber cumplido.
Sólo, en un banco desteñido, sentado sobre miles de nombres oscuros que se entrelazan por conjunciones, corazones y destinos, atravesados por flechas cupidianas, reflexionó sobre sus miserias:
Apenado, dolido y deprimido; desprovisto de toda ánima, por que peor que sentir que no se puede, es no importarle poder, tomó la más extrema decisión: Buscar trabajo.
sábado, 18 de mayo de 2013
en 13:09
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Carta abierta del Prof. Damián Bruno Berón: Feria del Libro MMXIII |
Buenas tardes a todas y a todos.
Sorpresa para el país: la zona rural de Mallín Ahogado alberga a Edgardo Suarez y su imprenta familiar que ha editado mediante el Grupo de Amigos del Libro Patagónico, con el dinamismo de Analía Pizzi y Ariel Puyelli, poeta y narrador de relieve nacional, valioso en literatura infantil. De esta experiencia editora, hoy presento ante Uds. mi cuarto libro: “Patagonia: Hasta la Última Lucidez del Equilibrio”, volumen de seis libros internos.
1. “Coma tras coma, punto y raya”- Poemas que manifiestan el azoramiento ante la Patagonia costera, austral y cordillerana, además del amor.
2. “Hombre-Palabra”- Clara definición del poeta, sus desasosiegos y sus anclajes.
3. “Sin Miedos”- Crónica poética en cinco días desde la Recuperación de la Islas Malvinas hasta el regreso de los combatientes al continente, además, las perspectivas de la violencia, el poder y un planeta que muere lentamente por los intereses.
4. “Sin la muerte y la culpa”- Introspección, actitud ante la realidad circundante.
5. “La Partida del Ángel”- Dice Ana Emilia Lahitte: “El ángel es un hombre sin regreso”, poemas de amor, compañerismo y partidas definitivas.
6. “Hay memoria”-Poemas que fijan posición ante el hambre, la dictadura y otras traiciones.
Existo en la dimensión de un pueblo chico, El Hoyo, Provincia del Chubut, a escasos kilómetros de El Bolsón, Río Negro, ciudad donde me he realizado culturalmente y se ha publicado este volumen que contiene seis libros internos, cada uno con su título y dedicatorias, de donde desprendo:
NEVADA
Avizoramos un juego de prismas de estrujada cordillera./ Desnudados por el blanco, / reiniciamos ceremoniales de niños ahogando ecos. / Montículos en obra, / bufandas para imaginarios muñecos gordos / con nariz de zanahoria. / Expirarán al salir el sol / como los sueños.
El filo del peligro en un mundo que se halla en declive, es también preocupación nuestra: VIOLENCIAS
Bestiario insolente /. Ferocidad desoladora /Esconde su rostro / tras manos sarmentosas. // Alguien pare los delirios./ en las intenciones manifiestas / y la Impunidad, / el mercader de armas acompaña.//
Levantemos carteles / en toda esquina del mundo./ Denunciemos, / porque hay un olvido / en la memoria de la raza.
Ningún poeta se realiza solo. Existe un contexto, un devenir compartido, una motivación sin premuras.
El Centro de Escritores de El Bolsón es la virtualidad de un espacio de pertenencia. Lleva más de 20 años y del principio, recordamos la voz de Jacques Larrochette. Nuestro contexto, entre ciudad rionegrina interconectada con otras poblaciones cercanas del Chubut, configura la denominada Comarca Andina del Paralelo 42°, como colgada de los faldeos del Cerro Piltriquitrón donde merodean leyendas de hombres originarios, pictogramas geométricos y sagrados, los parapentes temerarios, ovnis visitadores o la conciencia de la Tierra hueca. Toda esta conciencia popular hace que se piense en cómo no responder literariamente a tantas sugerencias. Quizá María Luisa Martinez Ruiz lo sintetiza desde el poema:
“Nos quedamos sublimemente solos /entre la Tierra y el Cielo / con la ternura despojada de un peregrino en el desierto / de la infinita intuición de la nada y la locura /del sagrado vacío y sus orillas tenues. /Dudas y misterios anidan / acurrucadas de plumón naciente / cíclico oscuro y luminoso /para ensamblar el precio de cada palabra /que despoje este insomnio…”
Las reuniones semanales que primero fueron los lunes y luego, los viernes y otras veces, ingresando al receso por “un tiempo, nomás”, hace que se retome en espacios públicos para compartir narraciones y poemas. Los libros cooperativos fueron “Los Lunes a los 8”, un poemario y “Bolsoneros: cuenteros y verseros”, del cual he participado, gozoso y agradecido. Cuentos y la ampliación de la imaginería son tareas de Oscar Silberman con su sentido ecológico y el diálogo con hados, Tato Affif, Julio Claro, Kuki Honik, Miguel Angel Torres y además, cuentos y novelas, Martha Perotto nos habla de “De un castillo en Patagonia” y “Territorio: Wal Mapu – Patagonia secreta”, compartiendo secretísimos paisajes geográficos y humanos; asimismo, Sergio Zárate y otros narradores como Hugo Rival, Duddy Guasco, quienes recientemente se han abierto a su experiencia de publicar.
La poesía es transversal en todos nosotros. Li Mayer que los prodiga en Latinoamérica en su viajes holísticos, Antonia Contreras, Laura Cogorno, Silvia Lía Clemente, Raquel Correa Ligonié, Laura Savino que restablece su salud en Córdoba, Enrique Ameijeiras, Iktami Devaux o Luis Videla, Claudio Tononi, Esteban Gandulfo, Jorge Sánchez y Silvia Rodríguez que compacta el hacer y el soñar diciéndonos: “
Del blanco /oveja /al color /cifrado en /savia /de la tierra. Quizá/ si cada oveja /concentrase su furia/en nervaduras /pistilos /oscuridad albina /de trincheras. /Quizá /la lana no andaría en /hervores /y el atarla memoria /sería /así, así /como vestirse /y desvestirse.
Del libro “Después del Temblor” Cap. II Lana- Primer Premio de Poesía del Fondo Editorial de Río Negro 2009, en el 2011, fue primer premio del Fondo Editorial del Chubut con “Ashanti y las lunas”
De manera autónoma amplían este panorama literario los ensayistas, recopiladores e historiadores, Naco Sales, Oscar Catania, Ernesto Maggiore, Juan Domingo Matamala que van recogiendo de la memoria y el testimonio oral, lo acontecido en estas comunidades del Sur.
Hallo en estas palabras de Cora Gabras un epítome de la existencia y la desolación:
Campo de girasoles cerrados/ anda una paloma / confundida en el aire; se han escondido en el gris / todas las cosas. / Jo hay sones de guitarras, /ni gitanos/ni caballos,/ él se ha ido…” / Campo de girasoles cerrados / ¿ Qué pasa hoy que no hay luz?
Muchas gracias.
miércoles, 10 de abril de 2013
en 13:22
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Karina Canale presenta su libro “La Pluma en la Lengua” |
Les presento mi libro.
Les cuento ,es un libro que dice de todo, hay poesías para pensar, para reír para llorar, y para gritarlas de bronca. Porque todo lo que escribe la pluma en la lengua viene de los bajos fondos del alma.
No es aburrido,para nada... Es para tener ganas de revolución y para sacarlo todo afuera, como dice la canción el amor, el odio y la duda.
La felicidad y la tristeza, la soledad en medio de la multitud. Pero por sobre todo la vida...
Si quieren adquirir uno, no duden en encargarlo. Sino estaremos en las próximas ferias del libro con Editorial Dunken y en las librerías que dependen de ella.
Gracias.
Pd: gracias Editorial Dunken, porque aun sin tener recursos, encontraron los medios para publicarlo, y gracias dios, por su puesto por prestarme la pluma en la lengua.
Karina Canale
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El Puma Molina de Hugo Rival |
9 de abril 2013
El Puma Molina de Hugo Rival
Apreciad@os, les mando algunos párrafos seleccionados de mi novela.
Este no lo escribí yo, sino mi alma:”Cholila 10 de octubre de 1951.
-1¡ Querida Consuelo! Diosa morena, protagonista de mis noches de desvelo, cuando mis pensamientos se orientan hacia vos, mi corazón parece estallar de orgullo. Todo lo duro y agrio de mi vida, se derrite en dulce melodía y mi amor tiende sus alas, alegre como un pájaro que va pasando la mar. Ahora estoy en la cabaña que alquilé frente al Lago El Mosquito……… pág. 103
-2 Casamiento del Puma:
Hace un primer brindis y pide la palabra, se produce un silencio absoluto “El triunfo de la justicia con lleva al olvido de los resentimientos o rencores, todo comportamiento sea bueno o malo, no es casual, siempre hay una razón para hacerlo, sepamos perdonar, tampoco olvidemos que primero está la justicia de los hombres y luego la de Dios, Nosotros somos hombres de bien demos el ejemplo. Pág. 247
-C. Escribir una novela no es solo tomar un lápiz, un cuaderno y narrar Es entregarse en cuerpo y alma, compartir tristezas y alegrías de los protagonistas, ser uno más de ellos.
Ha sido para mí, una experiencia única. Me ha permitido entrar en el universo de la lógica, el terrenal, porque se ve, se toca o se escucha Palpar la materia, en su faz física, el que nadie discute. Y el de la fantasía, lo místico, intangible, aquello que nos permite soñar y volar en el espacio infinito al pasado o el futuro, compartir diálogos con seres vivos o abióticos.
Por último tomo las palabras de Cristina Loza “Escribir, corregir, tachar, rehacer y volver a escribir¿ acaso eso no es la vida ?”
Amig@s, les envío estos párrafos y por cuerda aparte el diseño de las tapas del PUMA MOLINA cariños
HUGO
miércoles, 13 de junio de 2012
en 10:56
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Dia del Escritor 2012 |
Para los que se atreven contra el inmenso agujero blanco de una hoja de papel,
ataviados de recuerdos, aún de aquellos que no son propios,
más aún, los que crean y recrean recuerdos de cosas que nunca han pasado,
para aquellos que luchan por publicar sus escritos, y para los que nunca pensaron en eso.
Para los que escriben, como quién grita en silencio a multitudes,
y para los que callan en voz alta para que los demás mediten.
Para los que se fueron, para los que partiremos,
porque, que es la vida sino un irse de a poco, aún así,
han dejado sus palabras, que representar pretenden un pensamiento.
como la dejaremos los que todavía no partimos,
Para los que han muerto a causa de sus escritos,
para los que nunca morirán de nuevo, gracias a sus escritos.
Para los que son luz para el mundo, detrás de sus lóbregas cavernas,
Para los que son bandera de libertad, desde las jaulas que los contienen.
Para aquellos que dicen serlo, y para los que los son aunque nadie lo diga,
Deseo que sean imbuidos de tinta inspiradora sus corazones, en este día
que es el día que celebramos a los escritores.
Feliz día estimados colegas
miércoles, 1 de febrero de 2012
en 19:30
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Sepultura – Hugo Rival |
SEPULTURA
ÑANCU bautizada como “ÑUCA” por mi , después del accidente, tuvo una agonía de mas de dos horas, estaban sus dos hijos varones MANKE y KELIN y su hija RUMI RAYEN, yo el cuarto hijo postizo, permanecí a su lado, tomándole las manos atento a sus lamentos y sus susurros.-
RUMY RAYEN (ÑURY ) es una mujer hermosa, sus ojos son oblicuos, los ángulos externos de sus orbitas apuntan hacia arriba lo que le da un falso aspecto de mujer fatal, sus ojos de color platino en su máxima pureza, heredados de su madre, su tez morena, y pelo bien morocho, le dan el aspecto de una DIOSA morena ,una CLEOPATRA moderna, la amo tanto como a la madre, por su inteligencia y su infinita bondad ,ella está enamorada de un LONKO, tan pero tan feo que mi amigo ARTURO es un “Adonis” al lado de él
- Che hermano HUGO ¿ se muere ? _Si ÑURY, vos Dotor y también hechicero, yo te vi con caballos, podés sanarla ,_Veni ÑURY acercate le mostré la base del cráneo, el golpe había sido feroz, tenía 2 pequeñas fisuras por la que lentamente manaban 2 hilitos de sangre, pasale suavemente los dedos , que salieron teñidos de rojo, ahora vos que sos la hija metémelos en la boca quiero embeberme de tus fluidos y de su sangre para tener, sabiduría, valentía y bondad, en ése momento, sentí que mi cuerpo era invadido por una tremenda energía, como si repentinamente hubiese adquirido conocimientos decantados a través de los siglos, pude enterarme por los flujos etéreos, que ÑUCA fue hija de un capitanejo famoso por su valentía y su don de equidad, casada a los 15 años con un cacique ya contemporáneo con un parentesco muy cercano a SAYHUEQUE, fue secuestrada y violada por milicos blancos, de ahí nació RUMY RAYEN, cuando regresó su esposo no la creyó, la tomó por una mujer más, y tanto la golpeó que la dejó ciega.-
Se acercaron los hermanos -Che HUGO vos tenés la ciencia y brujería ¡curala ¡ no puedo entiendan no puedo ¡ llamá a tu MACCHI y si el dice que con mi vida se salva, yo estoy dispuesto a darla ¡los 4 hermanos nos abrazamos, y, como si hubiese sido un milagro, ÑUCA abriendo los ojos dijo _Che HUGO vos sos WINCA bueno, quiero sepultura MAPUCHE , y murió en mis brazos, en ése momento sublime senti que toda la musica triste de ellos inundaba mi alma.
Para cumplir con su ultima voluntad hubo que sacrificar una yegua, tomar su sangre enterrar sus vísceras para ofrendar a GUALICHU , luego se asó y se comió entre sus hijos, parientes y 2 LONKOS que no tuvieron mejor idea que exponerla a los caranchos y otras aves de rapiña,para que la pelaran hasta los huesos según su religión, finalmente la envolví en un poncho PAMPA precioso que le había regalado y la sepultamos, en la ladera oeste del cerro PILTRIQUITRON, en el MAPU donde se entierran las placentas, la pusimos en posición fetal como sentada en cuclillas y mirando al este.-.-
Ahora ÑUQUE, no está más, pero en los atardeceres, cuando reina ese silencio celestial, que anuncia la llegada de la noche, el PILTRI , mi amigo eterno, sacude un poco su vestimenta blanca, para que yo vea la imágen de la mami que me dice “CHE HUGO SOY FELIZ, SOY FELIZ, OLVIDA TUS PENAS y SE FELIZ VOS TAMBIEN¡¡, pero me cuesta demasiado , ya es mucho lo que perdí.-
Este es un relato de un hecho absolutamente verídico, relatado con mi alma en pena y mi corazón destrozado, que sólo se lo pasé a las pocas personas que supieron de ésta relación, y que si algún día lo leen, para alguien será como hablarle a una pared, pero no importa tengo mis esperanzas acaso no dicen que las paredes escuchan y hablan
F i n
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Mi “tacho “ y yo – Luis Redolfi |
Mi tacho y yo (tanguera)
7 y media de la mañana de un día gris y desapacible de mediados de Agosto, día fulero para el tachero…después del 10 no queda un mango en la calle, pero se hace lo que se puede y lo que no, se compra hecho, como decía mi sabia y autodidacta abuela del campo.
Llegando a las cercanías de Lanús, con un ojo en el trafico y otro rastrillando las veredas en busca del posible Perucho descubro a un personaje estrafalario: muy alto y extremadamente flaco. Vestía un saco oscuro, muy corto y entallado, pantalón gris a rayas negras, muy angosto, calzando unos zapatos negros muy brillantes y puntiagudos. Cubriendo su abundante y canosa cabellera un sombrero negro de angostas alas, inclinado hacia la izquierda de su cabeza. Un poblado bigote negro dejaba caer sus guías bastante mas abajo de su labio inferior. Cubría su cuello y parte del pecho una bufanda blanca con letras bordadas. Me miraba con una mirada entre risueña y severa a la vez, como estudiándome despacio.
El chillido de las pastillas de freno parecían decirme: presta atención boludo!!!! Si, porque aunque parezca mentira, mi taxi me carga, me reta, me habla y….me salvo la vida varias veces.
Pensando que retrucarle, lo cual no es fácil, porque siempre que me ligo un reto tiene razón, pero esta vez, no, recién se estaba poniendo en amarillo el semáforo, cuando con una sonrisa de triunfo me disponía a contestarle adecuadamente, siento unos golpecitos en la ventanilla de la puerta delantera derecha.
Era el personaje estrafalario que me había llamado la atención metros atrás.
Estas libre pibe?
Si señor.
Ma’ que señor, el Señor esta en el cielo, llamame Félix, y vos como te llamas?
Luis, pero me dicen Luchino: yo y mi cochina bocota!! porque tuve que decirle el sobrenombre que me habían puesto mis amigos.
Pero había algo en el hombre que me inspiraba confianza. Dale arranca ya se puso en verde. Al colocar la primera me pareció escuchar una risita ahogada pero se la deje pasar al tataguan(con g con diéresis y acento) así lo bautice a mi taxi en recuerdo de mi viejo, al que le llamaba tata y guan por one, uno en ingles.
- Vamos a la esquina de Centenera y Tabaré en Pompeya, conoces?
- Siii, ahí en esa esquina esta la letra de”mano blanca” del inmortal Homero Manzi.
- Ah! pero veo que a pesar de ser pichón te gusta el tango.
- Si, lo descubrí hace poco, en la época en que trabajaba de noche, cuando buscaba al pasajero trasnochado, y el tango no solo me acompañaba con su melodía sino también con las historias orilleras que desfilaban por mi cabeza.
- Orillera dijiste?
- Si por?
- No, por nada… por nada.
El hombre se quedo en silencio, yo lo relojeaba de tanto en tanto por el espejo y veía la seguidilla de pequeños gestos que hacia su rostro.
El tata estaba silencioso el ronronear parejito de su motor era tapado por el chasquido que hacían las ruedas al pisar algún charco de agua ya que había llovido intensamente la noche anterior.
- Pibe…
- Señor?
- Que te dije del señor?
- Perdón señ…eh Félix
Así esta mejor… Mira te voy a contar una historia. Una historia orillera de esas que dan para la letra de un tango. Yo soy músico y me gane la vida poniéndole música a las letras que los poetas tangueros creaban. Así hasta que el tango empezó a decaer, y entonces me las rebusque como pude, enseñando música, tocando en alguna orquesta de mala muerte, en fin, no viene al caso. La historia que te voy a contar empieza cuando me caí a las vías del subte de Constitución. Me salve porque no me piso, me golpeo muy fuerte dado que venia muy rápido porque tenia un problema de frenos y los paragolpes fijos que se encuentran al principio del anden lo detuvieron evitando así que me pasara por encima.
Con el impacto se lastimo mucha gente, vos ni habías nacido. Fue allá por la década del 40. El diario Critica lo saco con letra catástrofe dado que hubo 30 muertos y 60 heridos. Bueno como te decía, che, se puede fumar?
- No pero si se banca el frio y abre las ventanillas puede hacerlo.No se porque pero usted me cae bien.
- Gracias pibe, vos también. - Sacando un cigarrillo sin filtro procedió a encenderlo con un pequeño fosforo blanco. Se quedo pitando exhalando grandes bocanadas de un humo azul y pestilente. El tataguan demostró su enojo con varias explosiones por su caño de escape y una porción de los gases de la combustión se coló dentro del habitáculo. - Estos Fontanares vienen cada vez peor, - murmuro al tiempo que apagaba el cigarrillo en el cenicero del apoya brazos.
No se, yo no fumo, le respondí, mientras le agradecía mentalmente a mi taxi que el hombre dejara de fumar.
- De nada, me respondió, de la misma manera. - Mira pibe te estuve engañando, no me llamo Félix, ni soy músico; mi nombre es Lucindo Romualdo Quiroga y soy el guapo que el negro Amarilla achuro, aprovechando que me distraje cuando la Luciana Ramírez pego ese grito espantoso. Luciana, percanta linda que me sorbió el seso ni bien baile el primer tango con ella. Laburaba de vitrolera y yiro a la que el negro Amarilla hacia trabajar de puta. Me termine de enganchar cuando en el peringundín la vi desnuda con ese cuerpo con forma de guitarra, con sus largas y torneadas piernas, sus brazos cubriendo sus generosos pechos, y sus ojos…ah, sus ojos, negros como una noche sin Luna pero con estrellas que titilaban como luceros mientras el rio de sus lagrimas se deslizaban por sus pálidas mejillas.
Vestite, le dije, mientras su mirada triste y resignada me perforaba el alma.
- Pero….ya me pagaste… No importa, si algún día te hago mía va a ser porque vos lo quieras y cuando digo mía es mía, sin compartir con nadie y para toda la vida. Las lagrimas se deslizaban abundantes por sus hermosas mejillas y con una deslumbrante sonrisa me dijo:
Lucindo quiero ser tuya ahora y para siempre. Fue la mas hermosa conjunción de sexo, placer y amor, sobre todo de amor.
Escapamos a Rosario y por 3 años vivimos muy felices hasta que una noche…
Volvía yo medio tarde, cansado pero contento, por fin parecía que la suerte me sonreía, mi patrón me había propuesto que me encargara del reparto de materiales de su corralón.
Por fin podía dejar las changas de albañil y con lo que ganaría, podríamos iniciar la construcción de la casita con la que tanto soñábamos, y así poder dejar la pieza del conventillo. Pero el destino siempre te emboca. Al llegar a la pieza me extraño la oscuridad reinante. Rarísimo, mi negra siempre me espera levantada arreglando alguna ropa o tejiendo. Al prender la luz veo la habitación totalmente revuelta, las sillas rotas junto con platos y vasos. Una puñalada finita se me clavo en el pecho. La camita del pibe vacía y rota sus patas, los colchones tajeados por donde se escapaba la lana y en medio de todo ese caos sostenida por el crucifijo una nota escrita en un pedazo de papel grasiento de estraza que decía:
Me robaste a la negra, la que mas guita me dejaba. Por tu culpa se me retobaron las otras putas, y el negocio se fue al carajo. Si queres recuperarlos a ella y a tu hijo venite al boliche “La Matanza”, donde dobla el arroyo Maldonado cerca de los campos de Pedro Luro, pero eso si, venite dispuesto a matar o morir mas bien a morir… “el negro Amarilla”
Estrujando la nota de rabia e impotencia la arroje al piso. Sabia la fama de cuchillero y ladino, pero no me importo, mi mujer y mi hijo estaban en sus garras. Busque entre los vidrios y la loza rotos la tabla floja del piso en donde guardábamos los ahorros y allí estaban envueltos en un pedazo de hule, atado con una cinta de esas que en la panadería te envuelven las masas finas y hasta con moñito y todo, que prolija que era mi negra. Con la mirada enturbiada por las ardientes lagrimas que se escapaban de mis ojos, eche una ultima mirada a la habitación y emprendí el viaje a Buenos Aires.
- Pibe... no vamos a Pompeya, mejor llevame donde dobla el Maldonado cerca de las tierras de Luro.
- Ah, por la cancha de Vélez. Que cosa? Vélez Sarsfield, el cuadro de futbol.
Vos decís un cuadro de fobal, como el Alumni?
- Eh..si pero, si me lo hubiera dicho antes agarrábamos por otro camino mas corto. Este viaje le va a salir un poco caro…
- Por la plata no te preocupes pibe, quedate tranquilo.
- ¿Queres cobrarme ahora?
- No ..no… No lo dije por eso, si yo se que no me va a cagar el viaje.
- Sos de los míos Luchino.Te sigo contando?
Si, por favor.
Alguna vez leí que no hay nada mas lindo que escuchar el sonido de tu propio nombre modulado por una voz agradable como la de mi extraño pasajero. Me dijo que llegado a Buenos Aires, después de alquilar una pieza en una pensión de La Boca, me puse en contacto con algunos amigos de la noche de la época en que yo también tallaba, me informaron que efectivamente el negro Amarilla frecuentaba el boliche La Matanza pero que no se sabia donde vivía, ni tampoco se sabia que andaba con una mujer que tenia un pibe. Me pase muchas noches visitando el mencionado boliche, pero el negro no aparecía. El bolichero, hombre mal entrazado de mirar huidizo, una noche, y al tiempo que me servía la ginebra que yo todavía no le había pedido y mirando para todos lados en voz muy baja me pregunto:- ¿Usted lo anda buscando al negro Amarilla?
- Si, porque usted sabe algo?
- Si, pero como se dará cuenta es muy peligroso para mi.
- Cuanto? - Le pregunte viéndome venir lo que seguía. El hombre me lo dijo después de regatear un rato y me dio una dirección del bajo flores.
Allí me encontré con algunos amigotes del negro, cómplices seguramente de sus fechorías. Estos, pago por medio, se ofrecieron a llevarle una nota en donde lo intimaba al negro a encontrarnos el Sábado siguiente a la medianoche, en el bar La Matanza, claro, siempre y cuando fuera lo suficientemente hombre y que también llevara a mi mujer y mi hijo.
Llegado el día del duelo, me apersoné bastante antes de la hora fijada y me puse a recorrer los alrededores, era una noche muy oscura y el barrio era muy pobre compuesto por muy pocas casas e iluminado malamente. A unos cien metros del boliche había un galpón semi derruido en donde me pareció escuchar el llanto de un niño, al acercarme entre las sombras descubro un auto estacionado al costado del galpón la tenue luz de su interior me permitió ver a mi mujer que abrazaba desesperada a nuestro hijo mientras un sujeto agarrándola del pelo le pasaba un cuchillo por la cara mientras que el otro, sentado al volante, al tiempo que armaba un cigarrillo, se reía entre dientes.
Hirviéndome la sangre, abrí de un tirón la puerta trasera y aferrándolo del cuello a quien amenazaba a mi mujer lo arroje al suelo pegándole una patada en pleno rostro. Se escucho el sonido que hace una madera al quebrarse seguido del grito de dolor del individuo. Una vez que dejé fuera de combate al que amenazaba a mi familia, me dispuse a enfrentarme a su compañero que saliendo por la otra puerta, se dio a la fuga llamando a los gritos al Negro. Dejé que se fuera y me abracé a mis dos amores. Sollozando quedamente, mi mujer se me abrazo quedando nuestro hijo entre los dos.
-¡Bajate, mierda!- me grito la inconfundible y rasposa voz del Negro mientras me clavaba el cañón de un revolver en mis riñones.
Me baje sintiendo la bronca y la frustración por haberme dejado madrugar. Sin dejar de apuntarme me condujeron al interior del boliche y ahí entregándome mi cuchillo que anteriormente me había quitado uno de sus secuaces, el Negro me dijo: -Tomá si sos hombre vas a pelear conmigo en duelo limpio y el que gane se queda con la mina y el pibe. ¡Que nadie se meta. El Negro Amarilla se basta y sobra para despachar a este infeliz!
El sonido de murmullos de aprobación se mezcló con el Sollozo de la negra que afirmando a nuestro hijo me miraba con ojos angustiados, mientras intentaba zafarse del sujeto que la aprisionaba con su brazo al rededor del cuello. -¡Soltala hijo de puta! le grite con toda la rabia y la angustia que me producía el dolor de mi compañera.
-Tranquilo Lucindo, la va a soltar cuando me ganes la pelea, no antes, y como eso no va a ocurrir...je je.
Su burlona risita me crispó los nervios al tiempo que se me congeló la sangre cuando sacando un cuchillo, el asqueroso individuo se lo apoyó en el pecho al pibe.
El traicionero del Negro se me abrazó y a duras penas pude evitar el puntazo que iba dirigido a mi pecho. Una fría calma me invadió, mi rival en pelea limpia, era poca cosa para mi. Pero era yo contra cinco secuaces, y uno de ellos la tenía agarrada a mi mujer y a mi hijo.
Por otro lado los otros parroquianos y el bolichero no iban a mover un dedo por nosotros. La única alternativa que me quedaba era llevar la pelea a la calle y allí tratar de llamar la atención de los vecinos. Era una muy pobre posibilidad, pero no se me ocurría otra. Reculando lentamente y haciéndole creer que me podía (hasta dejé que me hiciera un tajo en el brazo) nos fuimos acercando hacia la puerta. La algarabía que armaban los secuaces del Negro era indescriptible, lo cual convenía a mis planes.
-Antes de matarte voy a decir algo muy cómico ¿sabés cual es mi nombre?...LUCINDO, ¿qué te parece?. Somos tocayos. Que broma ¿no?
Ya estábamos afuera del boliche y lo que acababa de decirme lo tomé como una burla, lo que hizo que odiara aún mas a mi rival.
Por el rabillo del ojo vi como se encendían algunas luces en las ventanas de las casas linderas y se oían ruidos de corridas. Viendo que se cumplía lo que había planeado arremetí contra mi "tocayo" logrando que se percatara que era yo el que tallaba ahora. El Negro se las veía en figurillas para parar la supremacía de mi ataque emitiendo un aullido cuando le tajeé la mejilla izquierda. Ante la vista de su propia sangre se me vino al humo en ciega embestida. Lo esquivé con facilidad y al pasar trastabillando a mi lado le clave la muñeca haciéndole caer el cuchillo. Con una mirada de increíble estupor y barbotando palabras incoherentes intentó darse a la fuga pero no pudo, yo agarrándolo de la pechera y poniéndole la punta de mi cuchillo en la garganta y le dije: -Y ahora Negro hijo de puta?
-Por favor favor Lucindo no me mates. Llevate a la negra, a tu hijo y todo lo que tengo, pero no me mates, por favor...Todo esto dicho entre medio de aterrados sollozos.
En ese momento pasaron por mi mente las felonías que me había hecho. Mi vista se nubló y empecé a ver todo rojo. Mi mano empezó a crisparse en la empuñadura de mi arma, cuando en ese momento...
- Ay pibe...
Esperando que continuara lo miré por el espejo y lo que vi me altero profundamente, no estaba, Lucindo había desaparecido. ¿Tata que pasó?
- No pasó nada Luchino. Lo afecto tanto el recuerdo que se diluyó pero no te preocupes ya vuelve.
Sin entender ni jota lo que me había dicho mi auto volví a mirar y ahí estaba mi pasajero. Se lo veía calmo pero con la mirada perdida, como si su espíritu estuviera muy lejos.
- Don Lucindo se siente bien?-
- Si pibe, no hay problema. Falta mucho?
Echando una mirada a la altura de la Avenida Juan B. Justo le dije : - No, unas treinta cuadras. Después de la cancha de Vélez unas diez cuadras más. Pero, y después, que paso?
-En ese preciso momento, justo lo iba a degollar a ese mal nacido, justo ahí escuche a mi negra que con infinito terror me gritaba -¡Lucindo mirá lo mato a mi hijo!!
Las cosas se precipitaron a una velocidad increíble, girando sobre mi mismo veo a mi compañera llevando en brazos al niño que lloraba desconsolado abrazado a su madre de cuyo brazo manaba abundante sangre (se ve que la cuchillada dirigida al pibe la paró con su brazo), gritos, corridas y el sonido inconfundible del pito de los canas que se acercaban al lugar. Y aquí termina la historia: un intensísimo dolor en mi costado izquierdo me hizo volver mi atención al Negro, quien aprovechando esos segundos de distracción, se agachó a recoger su cuchillo y me lo clavó al costado de mi pecho.
-¡Perdiste, mierda, el Negro siempre gana!
Gritos, corridas, puteadas, todo esto lo percibía como a través de una espesa niebla, mientras me deslizaba al suelo.
-Lucindo Romualdo, mi amor, mi único- Alcancé a escuchar a mi amor mientras se arrodillaba a mi lado y acariciaba mi frente con una mano, la otra sostenía a mi hijo quien sonriendo mientras me miraba balbuceó muy bajito -Pa_pá?
Con esta imagen se me hizo la noche, la mas oscura noche...
-Pero, pero, ¿qué pasó? El Negro lo mató? Sí pibe, me mató. Pero mirá ya estamos llegando, parate ahí, en esa casa la que tiene las rejas negras con florcitas blancas.-
Detuve al Tata frente a una antigua casa de esas tipo chorizo que tenía un pequeño jardín en su frente donde se encontraba un hombre muy anciano que se dedicaba a regar los rosales.
-Esperame, Luisito-, me dijo mientras se bajaba y acercándose a las rejas murmuró - ¿Como estás hijo de puta?-
El hombre se volvió sorprendido y al verlo a Lucindo tiró la regadera que tenía en la mano y llevándose la mano al pecho exclamó con evidente terror -¿¡Vos!? ¿Pero de donde saliste?
El estruendo que producía el paso de varios camiones me impidió escuchar la respuesta de Lucindo. Solo veía como se descomponía el rostro del anciano mientras que gesticulaba como si negara lo que le decía mi pasajero.
-Ahora por fin podré descansar en paz- le dijo Lucindo al viejo
Esto lo escuche porque habían terminado de pasar los camiones.
El hombre se recostó en un árbol que había en el medio del jardín, deslizándose lentamente hasta quedar sentado en el suelo y con una mezcla de aullido y sollozo gritó
-¡¡¡NOOOO!!!
-Vamos pibe!- me dijo Lucindo al tiempo que subía a mi taxi.
-¿Pero quién era ese hombre?- le pregunté totalmente perplejo
-Ah, ese, era el Negro Amarilla
-Pero, como?...
-Te explico. Después que me achurara, los chafes, los canas lo metieron en gayola por muchos años, el Negro no solo ejercía la trata de blancas, sino también estaba metido en la droga y en las apuestas. Por buena conducta lo largaron a los veinte años y desde entonces se dedica a espectáculos tangueros y le fue muy bien. En cuanto a la negra volvió con sus padres allá en la Patagonia, nunca se casó, y mi hijo que es doctor y que ejerce en un pueblito entre dos montañas y muy cerca de un lago. Ya me dio un nieto, que, mirá que casualidad, se llama como vos.-
- Pero, pero ¿como es posible que esté aquí, si, si usted está muerto- dije susurrando.
- Mira pibe, aunque te lo explicara no lo entenderías, todavía no estas preparado, pero que te baste saber que la muerte no existe. Somos espíritus y por lo tanto eternos. Esto que los humanos llamamos "vida" es una mera ilusión pero además es una escuela de aprendizaje. ¿O acaso entendes a tu auto? ¿No es que simplemente lo aceptás?
-Si, es cierto. No lo entiendo pero lo acepto y también lo quiero mucho.-
-¡Bravo! ese es mi pollo. Bueno Luis aquí me bajo, ¿cuanto te debo?-.
Volviendo la vista hacia adelante me di cuenta que estábamos estacionados junto a una plaza. Asombrado me día cuenta que el Tata nos había llevado hasta allí. Y el reloj marcaba cero.
-Nada, don Lucindo me basta con haberlo conocido y su historia es mi propina-
-¡Chá que sos de ley pibe! Acepto tu regalo y te adelanto que te va a ir muy bien en la vida. Cuidate, o mejor dicho, dejate cuidar, ¿no es así Tata?-
Se escucho un "si" resignado proveniente del parlante de la radio.
-Se puso en verde arrancá dale- dijo el Tata
Mirando a mi alrededor me percato que estoy en punta de la plaza de Lanús donde subió mi pasajero, me inclino hacia el asiento trasero y no había nadie. Del cenicero del apoya brazo derecho asomaba una colilla de cigarrillo. Un coro de bocinazos me hizo arrancar el auto, mientras que un torbellino de pensamientos se atropellaban en mi cabeza.
¿Fue real?
¿Acaso lo soñé? Yo sentí su mano apretando mi hombro.
¿Que fue lo que pasó Tata?
-Cosas, señales, lecciones.¿Quién sabe?- dijo el Tata
Me vino a la mente la última frase de Lucindo
-¿Tata vos sos mi ángel de la guarda?-
-...-
-Tataaa...-
-No preguntes boludeces Luchino. Siempre el mismo tarado che...-
-Y vos el mismo sabelotodo que no sabe nada...-
-Sí, pero yo...-
Así seguimos todo el día discutiendo como siempre lo hacíamos, pero esta vez con elocuentes silencios que demostraban cuanto nos había afectado la experiencia vivida con nuestro primer pasajero del día.
Trabajamos muy bién esa jornada. Tan bién que me permitió el lujo de hacerlo lavar al Tata. Ahí me acorde del pucho, pero cuando fui a ver el cenicero, el muchacho del lavadero ya lo había aspirado. Renegando por haberme perdido la única prueba de la existencia de mi pasajero me fui haciendo a la idea de que fue un sueño.
A la mañana siguiente mientras desayunaba y todavía dándole vueltas a la experiencia del día anterior, la radio que hasta ese momento emitía los inmortales compases del tango Mano Blanca, se interrumpió con la excitada voz del locutor que decía: -Interrumpimos nuestra programación para dar una noticia de último momento "En el jardín de su casa sito en Juan B. Justo al 8400 de ésta capital se hallo muerto al famosísimo autor, compositor y productor de tantas obras de nuestro acerbo tanguero Don Lucindo Amarilla, más conocido como "El Negro Amarilla". La más destacada de sus obras fue el tango "Una Historia Orillera" en donde narra el duelo de dos guapos por el amor de una mujer, curiosamente fue la única que firmo con el seudónimo de Félix Sol. El cadáver se encontraba sentado en el suelo de su jardín apoyado en el tronco de un árbol.
Lo más insólito de esto es la beatífica sonrisa que iluminaba su rostro.
Azorado apagué la radio y me vino a la memoria la frase de Don Lucindo: "Te digo pibe, que no vengo a vengarme del Negro, vengo a ayudarlo a ver si esta vez pasa de grado".
Lentamente me dirigí a donde me aguardaba el tata quien tenía abierta la puerta trasera derecha. Intrigado me acerque a cerrarla y fue entonces que en el piso se encontraba un pequeño bulto, al levantarlo veo que se trataba de un arrugado paquete de cigarrillos sin filtro en cuya marquilla se veía el dibujo de unas palmeras con la palabra Fontanares atravesada en diagonal. Sin dar crédito a lo que veía noto que lentamente se va esfumando dejando vacía la palma de mi mano.
Sin ánimo para intentar comprender lo que había visto, puse en marcha al Tata al tiempo que lo saludaba.
-Buen día Tata parece que va a ser un lindo día-
-No te hagás el boludo y acordate que hoy tenés que cambiarme el aceite-
-Pero si hace apenas tres semanas que te lo cambié-
-Si, pero ¿te olvidás del viajecito que hicimos el martes a Bahía Blanca?-
La rutinaria discusión que siempre manteníamos me indico que volvíamos a la normalidad.
¿Volvíamos a la normalidad?
FIN ?
Luis Adolfo Redolfi. 18 de nov 2011
martes, 24 de enero de 2012
en 10:41
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